Crear también es volver a lo simple.
Durante muchos años estudié y ejercí una profesión que forma parte de quien soy. Pero con el tiempo también fui aprendiendo a escucharme, a disfrutar más del presente y a darle lugar a aquello que me hace bien. Siempre me gustó crear. Y casi sin darme cuenta, la cerámica se convirtió en ese espacio de calma donde puedo trabajar con las manos, bajar el ritmo y disfrutar del proceso. Así fue creciendo BRUXELLES. No como un volver a empezar, sino como parte de una evolución: animarme a ser fiel a lo que siento y a hacer cada vez más lugar para aquello que me hace feliz. Cada pieza está hecha de manera artesanal, con tiempo, dedicación y atención a los detalles. No existen dos exactamente iguales, y ahí está parte de su belleza. Me gusta pensar que cada objeto que sale del taller lleva un poquito de todo esto: una invitación a hacer una pausa, disfrutar lo cotidiano y volver a lo simple. Volvé a lo simple. Allí habita la magia.